Conversar con Magali García Ramis es una experiencia fascinante.
Diálogo la contactó para entrevistarla con motivo del homenaje que le hace la Escuela de Comunicación Pública (COPU) de la Universidad de Puerto Rico (UPR), en el marco de la celebración de su congreso de comunicación y de los 45 años que cumple ese importante centro de formación de comunicadores durante esta semana.
Nos recibió en su hogar en el Viejo San Juan. La plática fluyó como un diálogo afable, un relato muy genuino, auténtico con una persona que para muchos periodistas ha sido pieza clave en su formación académica; alguien quien además es hoy por hoy una de las escritoras puertorriqueñas más reconocidas.
Cada palabra, cada gesto, cada dato cuidosamente seleccionado de su extraordinaria memoria es traído a la conversación y descrito con una precisión fotográfica impresionante. Colores, sabores, nombres, personajes históricos, y lugares ya no existentes, enriquecen el relato fantásticamente. García Ramis comparte su historia en un relato casi cinematográfico. Cuando ella habla ves todo como si estuvieras frente a una película estupenda acerca de la vida de una mujer apasionada por las letras, la lectura y el conocimiento.
La autora de Felices días tío Sergio, Las horas del sur, La familia de todos nosotros y La ciudad que me habita, cuenta que la vida la fue llevando a todas las cosas que realizó. Así llegó a la redacción de El Mundo por primera vez con la preparación que obtuvo en la Academia del Perpetuo Socorro en Santurce, donde aprendió periodismo. Recordó que la primera historia que le publicaron en El Mundo fue sobre un puente que al romperse imposibilitó que los niños de una comunidad rural de la isla fueran a la escuela.
Conserva muy bien ese recorte de periódico, junto a otros recuerdos de su trayectoria académica y profesional que delatan su pasión por la historia. Todo lo guarda, tiene varias cajas repletas de documentos que recogen su huella por la vida y la de su familia. Hasta en las paredes de su casa tiene cual museo, rótulos de negocios que fueron un ícono en una de las calles sanjuaneras donde vivió. También guarda objetos de sus amadas tías, como uno de los microscopios que usaba una de ellas que logró convertirse en tecnológa médica, María Luisa o “titi Wica”, como ella le llama.
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La escritora, quien laboró para El Mundo, El Imparcial y la revista Avance confesó que nunca pensó que sería periodista. (Ricardo Alcaraz/Diálogo)
García Ramis abundó sobre sus experiencias en las redacciones de las tres publicaciones en las que se desarrolló como periodista en las décadas del 60 y 70: El Mundo, El Imparcial y la revista Avance.
Aunque confesó que nunca pensó ser periodista, dijo que se fue muy dolida de El Mundo, donde tuvo muchas alegrías. “Yo estaba muy feliz de estar de reportera en El Mundo. Para mí fue un shock tan grande [cuando la cesantearon] que dije ahí no vuelvo a trabajar nunca”, comentó sobre cómo se sintió cuando ese diario, que llegó a ser el principal periódico del País, dejó sin trabajo a un grupo de periodistas porque la empresa tenía que ahorrar.
Por eso cuando regresó de la Universidad de Columbia (Nueva York) donde se fue becada para hacer una maestría, no volvió a trabajar allí. No lo necesitó. Le ofrecieron trabajo en El Imparcial donde laboró en la revista Ya, haciendo artículos de interés humano e ingeniosos calces para las imágenes que capturaban los fotoperiodistas.
Fue ahí cuando se ganó un importante premio de periodismo. “Me lo había augurado una señora maravillosa que vivía en la Calle del Cristo, frente al Convento. Había una señora muy famosa ahí que leía las cartas a Doña Inés (Mendoza) y a todos los políticos. Arturo Ramos Llompart, que era de esos periodistas viejos, me dice un día: ‘vamos a hacerle un artículo a esa señora y yo quiero que alguien la entretenga en lo que le tomo las fotos’. Entonces yo voy y ella me tira las cartas y me dijo: ‘Tú vas a hacer un viaje. Te vas a ganar un premio y vas a hacer un viaje’. Oye y como a los seis meses me llevo ese premio y me voy para México”, ríe anotando que fue una tremenda casualidad.
Luego llegó a la revista Avance. “Ahí era donde yo realmente quería estar….porque Avance era el único ejercicio periodístico parecido al Time magazine”, explicó.
“A mí me gusta más el trabajo de revista que el de periódico. Es más largo, hay más opinión y espacio para el análisis”, aclaró. “La dirigía Pedro Zervigón, había un tema de portada y dentro columnas y reportajes de distintas cosas”, anotó.
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Entre los espacios que han marcado su vida se distinguen la universidad, COPU y su hogar. (Ricardo Alcaraz/ Diálogo)
Del periodismo a la cátedra
Con una habilidad única para rememorar lo vivido, García Ramis repasó los momentos claves de su crecimiento profesional e intelectual para los que su paso por la Universidad de Puerto Rico fue fundamental.
Prosigue contando su historia y a través de ella la historia de los lugares que ha habitado y la han habitado.
¿Sus preferidos? La Universidad, COPU y por supuesto su hogar, estos tres lugares comparten un elemento en común, fueron los espacios donde estableció fuertes relaciones que marcaron su vida significativamente.
En el hogar de sus padres tuvo la poderosa influencia de sus amadas tías, Las Ramis, siete mujeres maravillosas (también tuvo un tío) con una fuerte personalidad, algunas muy visionarias, muy de avanzada para su época; firmes, decididas, emprendedoras, que influyeron mucho en su formación y posibilitaron que viajara, estudiara, trabajara y se desarrollara intelectualmente.
De la Universidad habla con la misma fascinación con la que se expresa de su familia, a quien valora muchísimo, tal como ha dejado entrever en su obra literaria.
Sus ojos brillan y sonríen cuando habla de su relación con la UPR, una atracción que surgió cuando apenas era una niña de tres años.
“Tengo fotos mías de tres años caminando por el recinto porque ahí era que yo iba a estudiar”, dijo al contar que su papá y su mamá tomaron cursos en el Recinto de Río Piedras y todas su tías, que fueron una gran influencia en su vida, también estudiaron ahí.
Luego ese vínculo se fortaleció cuando comenzó a estudiar allí para la década del 1960 y terminó haciendo un bachillerato en Historia. Se solidificó aún más cuando una década después comenzó a dar clases en la Escuela de Comunicación.
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García Ramis, a la izquierda junto a otras dos jóvenes, cuando era estudiante de la UPR para la década de 1960. (Suministrada)
Conoce la historia de COPU, como cariñosamente llama a la Escuela de Comunicación, de la A hasta la Z, desde sus primer director hasta sus estudiantes más distinguidos con los que aún mantiene una sólida amistad.
“Un nido de comunistas”
García Ramis ha visto las transformaciones de la escuela, en términos físicos y curriculares. Al repasar la historia de esa institución, que también fue su hogar por 38 años, a veces se refiere a ella como una madre a un hijo travieso, le perdona todo… pero también siente indignación cuando la etiquetan ligera y despectivamente, como cuando una vez una persona catalogó a la escuela como un “nido de comunistas”.
Recordó que una ocasión una persona fue a buscar información sobre una beca legislativa para estudios graduados y quien la atendió en la Legislatura le dijo que no. Indicó que esa persona le dijo que “si era para aquí (COPU) no, porque esto era un nido de comunistas”.
Y es que los estudiantes que estaban en ese tiempo eran personas bien militantes en las distintas movimientos sociales que había en la Universidad para esa fecha, 1977.
“Ahí fue que yo me enamoré de COPU, en el 1977. Esos estudiantes de bachillerato y maestría eran una maravilla. De ese grupo viene Amarilys Ortiz, Maritza Díaz Alcaide, todo ese grupo de gente brillante. Entonces junto a ese grupo entran, renovada la maestría, Héctor Sepúlveda, Laura Candelas, Nora Soto, Adelissa, Ricardo Alcaraz…Claro, Ricardo era de la Federación de Universitarios Pro Independencia (FUPI); Laura, entonces esposa de Pedro Zervigón, imagínate un pobre cubano que lo veían como comunista porque era liberal. … Entonces había una marcha y lo primero que tú veías era un banner gigante de Luis Torres Negrón: ‘Comunicación presente’, ‘Comunicación aquí’… Eran muchos estudiantes pensantes, brillantes, preocupados por el País”, rememora.
¿Qué fue lo más significativo para usted de todos los años que estuvo en COPU?
Los lazos que desarrollé con esa institución fueron bien fuertes… Una de las cosas más significativas es la relación con los exalumnos que se convirtieron en mis amigos. Habían tantas tangencias entre los que enseñábamos y venían a buscar la enseñanza que cuando abre la escuela yo como que acabé de crecer y formarme con todos esos compañeros. Tengo una foto de Ricardo, Vilma (Pérez), Maritza y nos carteamos mucho por Facebook. Esa gente son mi mundo afectivo. La amistad con ese grupo es tan grande. La empatía sigue hasta el sol de hoy.
¿Y cómo ve el producto de COPU actualmente…la gente que se ha ido graduando a través de los años?
El producto de COPU lo vemos en 45 años en todos los medios, en todos los programas, en todo el País y en el exterior. Lo que sí es distinto, y es muy lamentable, es que los medios por ahorrar dinero y por necesidades han ido eliminado a la gente de antes que tenía, ahí, los que llamo los zorros viejos. Entonces tú lo ves en la cobertura de cosas. Cuando uno es joven uno llega a un sitio y te dicen ve mañana cubrir conferencia del gobernador, un zorro viejo le dice fíjate en tal cosa o pregúntale esto. Al tú no tener eso, no puedes ahondar ni pensar en unas cosas porque no estás preparado ni tienes a esa gente que te termina de lijar porque tú te lijas en el oficio.
¿Qué podría decir en cuanto a las fortalezas y debilidades de COPU?
La fortaleza es que el estudiantado nuestro siempre ha sido excelente. La base con la que trabajamos el proceso de aprendizaje y enseñanza siempre ha sido de lo mejor que entra al recinto.
Las debilidades que siempre hemos tenido son los enemigos externos e internos que menoscaban nuestra función y gastamos demasiada energía teniendo que pelear por unas cosas que naturalmente debemos tener, por ejemplo, el no ser facultad. Casi cuando lo teníamos (dijo que un rector estuvo a punto de otorgárselos) vinieron a torpedearlo profesores y estudiantes de dentro de COPU, por razones ajenas a lo académico y ahí nos quedamos.
Ahora todo el mundo se está retirando, ha llegado gente muy buena, que quieren hacer cosas pero no les quieren dar plaza…o sea que ahora la Universidad entera va a estar sujeta no a que vengan menos cantidad de profesores sino que son unos profesores indefensos en su vida personal porque no tienen unas plazas de trabajo y todo eso desestabiliza tremendamente el centro de trabajo que es la universidad.
¿Cómo ve la situación por la que atraviesa la Universidad actualmente?
Me preocupa mucho lo que está pasando con la Universidad. El País esta dotado de muchos recintos públicos y privados, muchos muy buenos. Todos aportan al País, pero sin una universidad pública tú no tienes una masa educada ni informada y sin eso tú no tienes democracia, no tienes un país progresista en el verdadero sentido de la palabra.
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El escritor puertorriqueño José Luis González fue profesor de García Ramis durante sus estudios doctorales en México. En la foto aparecen (de izquierda a derecha) el autor José Luis Vega, Magali y González durante su vista a la isla en el 1989. (Ricardo Alcaraz/Diálogo)
Ha sido una profesora con la que todos querían tomar clases, una educadora muy querida, ¿a qué le atribuye ese amor del estudiantado?
Te juro que no lo sé porque no fui una buena maestra todo el tiempo, hay años en los que yo me lucía, pero hay años que yo estaba allí a disgusto.
García Ramis explicó que hubo estudiantes que ella prefería que no vinieran a clase porque parecía no interesarle el curso, se mostraban distraídos, molestos. Así que hubo grupos con los que no se sentía cómoda.
“Yo no me portaba mal porque yo respeto mucho a la gente, pero yo entendía que esa era una carrera de servicio y yo hacía un esfuerzo porque esto es la universidad pública. Yo estoy aquí (en la Universidad) como tiene que estar el chofer de guagua aunque se le monte el borracho, tiene que llevarlo, aunque ellos los bajan, pero yo no puedo hacer eso. Así que yo me revestía de paciencia”, comentó.
A pesar de esos sinsabores de la experiencia académica, identificó algo que pudo haber cautivado a algunos de sus alumnos.
“Yo sé que yo soy divertida porque yo salí a mi madre en eso. Muchas de las cosas que hacía las hacía con cierto humor. Recuerdo los primeros ejercicios que hacía: una persona que le dispararon en un glúteo. ¿Cómo haces [para describir eso] porque no se puede poner nalga? Buscaba cosas así, porque mi base periodística también tenía mucho de humor. Yo aprendí mucho con las monjas en el Perpetuo de los grandes humoristas ingleses. Cuando entré a la maestría en Estados Unidos leía mucho y estaba suscrita a Mad Magazine. Eso me formó mucho y me salía naturalmente, cuando voy a escribir o dar una charla, siempre me salen cosas así. Pero fuera de eso yo no soy la profesora que yo admiro”, dijo.
“Nunca he entendido esa otra visión así que tú mencionas como que los grupos digan tal o cual porque yo no la veo. Todavía no sé si me gustó enseñar y estuve 38 años dando clase. Era chévere, me gustó pero no era mi pasión”, afirmó.
¿Su pasión es escribir?
Mi pasión es vivir… es leer. A mí me gusta leer más que escribir, realmente.
¿Con cuál faceta se identifica más, con la de profesora, la de escritora o la de periodista?
Son distintas gratificaciones. Obviamente a quien más tiempo le he dedicado mi vida es a la Escuela de Comunicación, más del que debí, pero se lo di ….Ahora a mí me encanta escribir porque me permite inventar y fabular y acá (en COPU) no se puede fabular al igual que en periodismo. Ahí tú tienes que trabajar con datos y cosas probadas. No te puedo decir que uno me guste más que otro.
García Ramis, resaltó que valora la vida en el retiro porque le permite seguir opinando e investigando pero sin la angustia de dar clases.
“A mí me angustiaba dar clases”, confesó. “Soñaba que llega a una clase y no me salían las palabras, no me acordaba que era lo que tenía que decir ese día”, recordó.
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La profesora jubilada de la Escuela de Comunicación, donde enseñó por 38 años, indicó que le angustiaba dar clases. (Ricardo Alcaraz/ Diálogo)
Comentó que en todas las facetas en las que se ha desempeñado ha tenido distintas gratificaciones, ¿cuál ha sido su mayor gratificación como escritora?
Casi siempre lo que estás haciendo en el momento, porque el otro ya pasó, ya eso se hizo, eso tiene vida propia.
¿Hay alguno de sus libros con el que se identifique más?
El que estoy haciendo ahora de las tías.
La escritora compartió que desde hace ocho años se ha embarcado en un proyecto que le hace mucha ilusión. Se trata de una obra biográfica sobre su familia. Gira en torno a la vida de sus tías, a quienes también considera como sus madres, con las que ha identificado interesantes tangencias con la historia del País. Observó que así como sus tías mucha gente es tangible con la historia real, y eso precisamente es lo que ella quiere destacar con la publicación de este nuevo proyecto.
“Titi Wica era hoarder y guardaba todo”, observó a la vez que mostró varias cajas con distintos materiales perfectamente archivados. Documentos, fotografías y cartas familiares entre sus tías su mamá, sus abuelos y sus progenitores, forman parte del tesoro familiar que conforma la materia prima de su nuevo proyecto literario.
“Lo más que me interesa en la vida ahora es esto”, afirmó con fascinación.
Para culminar esta conversación lo hicimos con un juego de palabras como si estuviéramos en un partido de ping pong en el que se le lanzaba una palabra a nuestra entrevistada y ella respondía con lo que significaban para ella. Aquí sus respuestas.
Taller Polilla (donde practicó la serigrafía con su hermano Gerardo)- la alegría
COPU- la emoción
Columbia- la libertad
Historia- la maravilla
UPR- la grandeza
Periodismo – el alimento
El Mundo – la ilusión
Felices días tío Sergio– el encuentro
Viejo San Juan- la vida
Escribir- el entretenimiento
Leer- el sustento
Estudiantes- el reto
Familia- lo máximo
Y luego de este maravilloso recorrido, entre palabras y risas culminamos el juego.