
La presencia de la mujer en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) siempre ha sido destacada, basta con corroborar que de los 13,324 estudiantes matriculados en el primer semestre de este año académico, 6,519 son féminas. No obstante, el número de estudiantes mujeres y profesoras no tiene igual proporción en los departamentos de Ciencias, Ingeniería y Matemáticas. Ese dato motivó a un grupo de investigadores a iniciar un proyecto que, entre otros fines, auscultará cuáles son las barreras que enfrentan las jóvenes para continuar una carrera docente en esas disciplinas. Los doctores Mildred Chaparro, Decana de Asuntos Académicos; Sonia Bartolomei, de Ingeniería Industrial; Luisa Guillemard, de Ciencias Sociales; Astrid Cruz Pol y Marisol Vera, de Química; y Antonio González Quevedo, director de la Oficina de Investigación Institucional y Planificación, integran el equipo que intentará aumentar la participación de las mujeres en carreras académicas de ciencias, matemáticas e ingeniería, y a su vez desarrollar una fuerza laboral diversa en estas ramas. Para lograrlo, el grupo contará con una subvención de $198 mil otorgada por la Fundación Nacional de la Ciencia para iniciar la primera fase del Programa Institucional de Transformación Advance. “Si miramos las cifras, el número de estudiantes femeninas en nuestro Recinto es alto. Sin embargo, cuando miramos hacia el profesorado, nos encontramos con que el número de profesoras es bajo en muchas de estas disciplinas y en algunas de ellas, por debajo del nivel nacional”, reveló la doctora Chaparro, quien es la investigadora principal del proyecto. Precisamente, la decana explicó que la etapa inicial del proyecto contempla revisar la política institucional e identificar barreras que impiden que las estudiantes decidan emprender una carrera docente. “Nosotros queremos establecer cuáles son esos factores en nuestro Recinto, ver cuál es el clima institucional, ver cómo se sienten las profesoras, cómo se sienten las estudiantes y cómo podemos ver si hay algunos factores que no motivan a este número tan alto de mujeres que son parte de nuestro estudiantado a seguir carreras en academia como profesoras universitarias”. El esfuerzo comenzó a raíz de la preocupación de una de las integrantes del grupo, la doctora Bartolomei, quien se dio cuenta del número desproporcionado entre las estudiantes y profesoras de algunos departamentos del Colegio de Ingeniería del Recinto. Bartolomei agregó que en su caso específico, el Departamento de Ingeniería Industrial del cual forma parte, cuenta con una facultad compuesta por un 54 por ciento de profesoras, lo que se traduce en “buenos modelos” para las jóvenes alumnas. Sin embargo, no ocurre lo mismo en los departamentos de Ingeniería Mecánica, Eléctrica y Computadoras y Civil, explicó. Según explicaron los investigadores, esta primera fase incluirá una serie de entrevistas, grupos focales y encuestas para determinar los factores que han ocasionado ese desbalance en el Recinto. De hecho, la doctora Guillemard destacó que planifican distribuir vía correo electrónico el primer cuestionario sobre el tema, tanto a hombres como mujeres docentes tan pronto como en enero de 2009. Con ese mismo propósito, el grupo de Advance inició su agenda con un foro para explorar el sentir de la facultad colegial, a cargo de la doctora Suzanne Brainard, de la Universidad de Washington, quien es la mentora del programa en el RUM por su experiencia en proyectos similares en otras instituciones. Brainard precisó que en el caso de otras universidades a las que ha asesorado en el programa Advance, se han identificado como barreras: el aislamiento que enfrentan las mujeres profesoras, el discrimen y la premisa de que éstas deben laborar por partida doble para lograr lo que sus pares masculinos obtienen de manera más fácil. Además, señaló que la mujer profesora debe dividir su carga entre la carrera y la familia. La propuesta requiere esta fase inicial de dos años de investigación y de revisión de políticas institucionales antes de comenzar a implantar medidas concretas. Para el doctor González Quevedo, esa transformación es relevante no sólo para el Recinto sino para la sociedad entera. “Los problemas que enfrenta el mundo, que enfrenta Puerto Rico, requieren el pensamiento de toda la población, no solamente del sector masculino. Es un proyecto bien ambicioso y pensamos que sí podemos hacer la diferencia”.