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MOSCÚ- La capital rusa guarda este martes un día de luto oficial mientras sus habitantes volvían nerviosos a viajar en metro, en tanto el total de muertos por el doble atentado suicida del día de ayer aumentó a 39. Las banderas ondeaban a media asta en la capital rusa y los moscovitas depositaban flores o encendían velas en las dos estaciones afectadas por los atentados, atribuidos a rebeldes del Cáucaso Norte. El duelo era oficial en Moscú, y estaban previstos servicios religiosos en las iglesias ortodoxas de todo el país, además de ceremonias y actos de memoria. Los trabajadores acudían cautelosos al metro en la mañana posterior a las explosiones que ocurrieron en plena hora pico matinal en trenes llenos de pasajeros en las estaciones de Lubyanka y Park Kultury. La presencia de elementos policiales aumentó en las estaciones de metro de Moscú y la seguridad también se reforzó en las redes de transporte de ciudades como San Petersburgo o Novosibirsk en Siberia, según medios locales. Una joven herida murió en la madrugada de hoy, llevando el total de muertos a 39, según confirmó en la televisión estatal Rossiya 24 Andrei Seltsovsky, jefe del departamento médico de Moscú. Seltsovsky agregó que 71 personas más están internadas, cinco de ellas en estado crítico, y que 8 de las víctimas han sido identificadas. Según las autoridades, las bombas estaban repletas de barras y tornillos. En radio y televisión se eliminaron los programas de entretenimiento por el día de luto por las víctimas del atentado más mortífero en la ciudad en los últimos seis años, perpetrado por dos mujeres suicidas. En la céntrica estación de metro de Pushkinskaya, por donde pasan tres líneas, los moscovitas corrían silenciosos a subirse al metro ante las parejas de policías que patrullaban la zona. “Da miedo, claro, ir en metro, pero no tengo otra opción, vivo muy lejos, así que no tengo alternativa”, aseguró la estudiante Oxana Orshan. “Cuando iba en el metro hoy empezó a sonar el reloj electrónico de alguien y pensé: ‘Ahí está'”, declaró la estudiante Katya Vankova. “Me dio mucho miedo”, agregó. En ambas estaciones se montaron altares improvisados. En Park Kultury, la gente dejó claveles rojos y moños blancos en un andén cerca de donde estalló la bomba, mientras que algunos se persignaban al pasar por el lugar. SEÑAL SOMBRIA Los atentados enviaron una señal sombría tanto al presidente Dmitry Medvedev como al primer ministro Vladimir Putin. Según algunos medios, representan el fracaso de la política gubernamental de seguridad. Años de propaganda oficial han adormecido a los rusos, haciéndoles creer que hay poco que temer de la insurgencia islamista en la turbulenta región del Cáucaso Norte, de mayoría musulmana, añadieron. Los atentados -uno de ellos, el de Lubyanka, ocurrido cerca de la sede principal de los servicios secretos encargados de custodiar la seguridad de los ciudadanos rusos- pusieron de manifiesto la vulnerabilidad ante terroristas y han desatado el temor a una campaña más amplia. En los últimos años, los atentados se han limitado sobre todo al Cáucaso Norte, aunque uno atribuido a los insurgentes en noviembre causó la muerte de 26 personas en un tren entre Moscú y San Petersburgo. Putin, que cimentó su poder en 1999 lanzando una guerra para aplastar el separatismo en Chechenia, declaró el lunes que los “terroristas serán destruidos”. Ningún grupo ha reivindicado los atentados, pero el jefe del Servicio Federal de Seguridad, Alexander Bortnikov, dijo que los responsables tenían vínculos con el Cáucaso Norte, donde los dirigentes islamistas han amenazado con extender sus ataques a ciudades y oleoductos en toda Rusia.