Durante la madrugada del 2 de diciembre de 1984, mientras la población de Bhopal (India) dormía, una nociva y enorme nube de compuestos químicos se esparció por la ciudad ocasionando la muerte inmediata a más de cinco mil personas. Ésta provenía de la fábrica de pesticidas Unión Carbide, una transnacional de origen norteamericano. No hubo advertencia. La alarma que dio a conocer la tragedia fue la de los gritos desgarradores de las personas que morían asfixiadas o cuyos ojos se quemaban por el gas. Esta semana se cumple un año de que luego de décadas de litigio fueran juzgados ocho directivos de la empresa, encontrándose culpables de negligencia. Sin embargo, las huellas de la tragedia siguen latentes en los enfermos cuerpos de los habitantes de la ciudad: en los problemas de fertilidad de las mujeres, en el cáncer que consume los cuerpos, en las malformaciones genéticas, en los problemas pulmonares; también en la contaminación que amenaza a los que aún viven en el lugar. Para muchos, Bhopal es el Hiroshima moderno.
Debido a las investigaciones realizadas por diversas delegaciones internacionales, y pese a la poca cooperación de las agencias gubernamentales indias, se conoció que el escape de isocionato de metilo y cianuro de hidrógeno surgió debido a una reacción de contaminación en las cisternas. Durante las tareas de limpieza de la planta, el agua a presión (mecanismo inadecuado para realizarse) arrastró cristales de cloruro sódico, restos metálicos y otras impurezas que entraron en contacto con el gas almacenado. Así, sucedió una reacción que provocó que las válvulas de sobre presión se abrieran liberando el gas a la atmósfera. Aunque podría parecer que lo sucedido fue un accidente, la realidad es que la compañía incurrió en negligencia crasa, y aunque fueron muchos los documentos y estudios que así lo señalaban, la justicia esperó mas de dos décadas para reivindicar "a medias" a las víctimas. "The Bhopal Saga", un libro escrito por la doctora de origen suizo Ingrid Eckerman, recoge los relatos de la tragedia y señala lo que por tanto tiempo la justicia ignoró: el gobierno, copropietario de la empresa, ignoró el mal funcionamiento de la planta, propiciando la tragedia.
Eckerman, quien se especializa en medicina familiar, viajó por primera vez en 1994 a la zona del desastre químico, como parte de una delegación de 13 doctores de 12 países distintos denominada: Comisión Medica Internacional . Ante la negativa de la transnacional a compartir información sobre los químicos y contaminantes esparcidos, que ayudaría a los doctores que realizaban ayuda humanitaria a ofrecer ayuda efectiva a las dolencias de los afectados, el Tribunal de Opinión Internacional de Bologna concilió la delegación para observar el proceso de tratamiento de víctimas en la India. Además, debían realizar observaciones sobre la tragedia y ofrecer un informe a la comunidad internacional sobre los hechos y el proceso de evolución de la ciudad durante esos diez años.
“Durante las dos semanas que estuvimos, visitamos los hogares de personas ricas y pobres, haciendo nuestra investigación. Escuché los testigos, conocí las víctimas, leí todo el material posible. Solo escuchando sus testimonios pude realmente entender la magnitud del problema, pude entender la crueldad de las imágenes que había visto en televisión diez años antes”, explicó Eckerman en entrevista a Diálogo.
La Comisión Médica Internacional en Bhopal presentó un informe en el que responsabilizó directamente a la compañía por negligencia y no solo por provocar el escape de gas, sino por su conducta preventiva antes del accidente y la respuesta a destiempo luego del accidente. Estos señalamientos incluyen la falta de transparencia en la información ofrecida acerca de los químicos liberados, lo que provocó una confusión en el tratamiento a aplicarse a los pacientes. "The Bhopal Saga", así como otras investigaciones independientes, revelaron que Unión Carbide aplicó un plan drástico de austeridad y ahorro en el que despidieron a los técnicos de seguridad mejor cualificados, desenchufaron el sistema de refrigeración e ignoraron el estado crítico de la tubería que requería ser reemplazada. A su vez, aprobaron de forma expedita un diseño en la estructura que constituiría (según escrito en el documento) "peligro de contaminación de las aguas subterráneas". Este documento llevaba escrito: "destruir después de su uso", lo que evidencia la falta de importancia que le daba la compañía a la seguridad de la población. La comisión también condenó el papel del gobierno indio al no otorgar la compensación ofrecida por la compañía a las víctimas luego de que se auto denominara representante de estas personas. La falta de ayudas a las víctimas agravó su estado de salud, pues no tenían los recursos para ser atendidos en hospitales o siquiera para transportarse hacia los mismos.
Los hallazgos de la Comisión Médica Internacional y de las más de 20 visitas realizadas por Eckerman a la India quedaron plasmados en "The Bhopal Saga", constituyendo así el análisis más profundo del incidente, abarcando los campos de la química, la economía, la sociología y la medicina. Estos hallazgos serán añadidos a la Gran Enciclopedia de Salud Ambiental, en el capítulo dedicado al desastre en Bhopal. Aunque, para Eckerman, es satisfactorio que a parte de los victimarios se les haya juzgado, su interés por dar a conocer la verdad por medio de su investigación provocó que se le ordenara salir de inmediato de la India. El pretexto: problemas con su visa. Sin embargo, Eckerman afirma que su salida es una represalia por parte del gobierno debido la investigación realizada. La doctora aduce que mientras realizaba los trámites para salir del país, funcionarios realizaron comentarios despectivos acerca de su libro. La satisfacción la encuentra además, según señala, en la movilización de las personas tanto local como internacionalmente para protestar y exigir justicia.
“He sido impactada positivamente por la fuerza de la sociedad civil, por los grupos de mujeres fuertes, por la forma en que se han desarrollado logrando ser más fuertes, deshaciéndose de sus burcas mentales.”
A lo largo de los últimos 20 años, al menos 15,000 personas más han muerto a consecuencia de enfermedades relacionadas con la exposición al gas. Además, más de 100,000 personas siguen sufriendo enfermedades crónicas y debilitantes para las cuales no se ha encontrado un tratamiento eficaz. Hace un año, luego de la convicción de los directivos por negligencia, el gobierno hindú y la policía federal realizaron una petición para reabrir el caso de manera que se les juzgara por homicidio involuntario. Las penas impuestas por negligencia fueron de sólo dos años de prisión, lo que indignó a las víctimas y a la población. Estos directivos habían sido acusados en un primer momento de homicidio involuntario, pero en 1996 un tribunal rebajó la acusación a negligencia. La convicción por homicidio involuntario elevaría la pena a diez años. Sin embargo, el Tribunal Supremo consideró que el recurso se basa en un argumento “falso y erróneo”, y que no se ha dado “una explicación satisfactoria” para justificar esta petición después de tanto tiempo. Mientras, los niños continúan bebiendo agua de pozos contaminados y viviendo en la más extrema pobreza moral.